La hermana de Zuckerberg se va de Facebook por falta de privacidad

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Ser una estrella en nuestro tiempo no es fácil: los medios rodean al famoso y husmean hasta en sus basuras para obtener cualquier tipo de dato. Y este mal de la fama afecta también a las celebrities del 2.0. Cuando más millonarios y poderosos, más será su atractivo para los medios. En este sentido, Mark Zuckerberg es uno de los personajes más influyentes de nuestro tiempo. Facebook se ha convertido en un fenómeno social y la influencia de este tímido programador que sigue llevando sus conocidas chancletas, le ha llevado a compartir mantel con el mismísimo Barack Obama.

Pero el bueno de Zuck no cuenta con un carácter dicharachero y no se siente cómodo en los actos sociales. Una paradoja para una persona que ha logrado conectar (de forma virtual, eso sí) a millones de usuarios y ha conseguido que viejos amigos de la escuela se reencuentren después de muchos años, o incluso casar a muchas personas. Pero en casa de los Zuckerberg no todos son tan tímidos. La hija mayor, Randi, no tiene pelos en la lengua y está poniendo en más de un aprieto al fundador de la red social.

De 31 años y con una mirada penetrante, Randi saltó pronto a la fama al nombrarle su hermano como responsable de comunicación de Facebook. Con un carácter de rompe y rasga y sin la introversión de su hermano, Randi fue poco a poco abriéndose un hueco en la firma mucho más allá del sambenito de ser la hermana de, y comenzó a tomar sus propias decisiones.

La foto de la polémica

Como se sabe, uno de los puntos calientes de Facebook es sin duda la privacidad: cuando uno sube una foto no tiene muy claro quién puede acceder a ella y colisionan dos intereses: el del usuario que quiere preservar al máximo su intimidad, y el de la red social cuyo modelo de negocio se basa en la mayor difusión posible de todo el contenido subido a sus servidores. Este choque de trenes lo vivió Randi en carne propia el pasado mes de diciembre: sacó una foto con su móvil en su casa en la que estaba su célebre hermano y la puso en su perfil confiando en que sólo la verían sus hermanos.

Sin embargo, los vericuetos técnicos y la compleja maraña que cubre las condiciones de privacidad configurables por el usuario, hicieron que aquella foto cayera en manos ajenas, y un usuario desconocido la subió a Twitter de forma totalmente inocente. Randi empleó la misma red social para responder indignada: “No sé de dónde has sacado esa foto, la publiqué para mis amigos en Facebook y subirla a Twitter no mola nada”.

La hermanísima estaba probando la propia medicina que Zuck estaba aplicando al resto de los usuarios de la red social: una compleja política de privacidad que por defecto permite que un contenido con acceso sobre el papel restringido, caiga en manos de cualquier otro usuario.