Por fin, el sillin vibrador

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Era inevitable. Era una demanda del mercado largamente aplazada por no se sabe bien qué razón, pero por fin está con nosotros el sillín de bicicleta con vibrador.

 

Ya se puede decir adiós a esos placenteros paseos que curiosamente pasaban por senderos pedregosos y plagados de baches. No es necesario: los paseos pueden ser igual de placenteros atravesando el carril bici, que hasta ahora era la antítesis de la sexualidad ciclista.

 

Sólo los pasos de peatones elevados suponían una mínima caricia, un prolegómeno sin continuación, una promesa susurrada antes de desaparecer por siempre. Un calientaciclistas, vamos. Pero por sólo 30 euros nos podemos hacer con un Happy Ride Vibrating Bike Seat que hará innecesarias esas esperanzas rotas para ir directo al grano. Y si no hay grano irá directamente a otra zona, ya sabéis.